Expresion plástica, de mutralista a Pinturas en Oleo! tu puedes con lo que tú quieras!!
Hace poco empecé a pintar con óleo y al principio pensé
que sería imposible pintar nada ya llevo mucho dibujando, haciendo
murales, pintando paredes, pero nunca algo real con pincel y en un
cuadro. He tenido suerte de tener una buena profesora que me ha explicado genial
los métodos correctos.
Después cubro con
pintura todas las zonas que iban en negro y de ahí entre el banco y el negro
fui cogiendo para hacer los grises
El segundo cuadro que escogí aun fue más difícil, porque no
solo eran tonos blanco y negro si no había toda una paleta de mezclas, lo vi en
una tienda de bricolaje le hice una foro y me puse con ello. Mi profesora me
dijo que con un poco de paciencia me saldría genial. Eran unos enamorados paseando bajo las
farolas a la orilla de un rio en otoño
con las hojas caídas en el suelo, y
apunto de anochecer por completo
Empecé con el carboncillo
a definir las linear por las que iba a empezar a rellenar de color, con
colores más fuerte, empecé a rellenar,
las zonas más oscuras, el azul verde y morado eran los más oscuros luego
mezclando entre ellos iban saliendo el resto de los colores, lo más difícil aquí
fue hacer las sobras de los reflejos el agua en el suelo, la sobras y el
atardecer. Pero bueno con mucha paciencia me Hace poco empecé a pintar al óleo. Al principio pensé que sería imposible. Llevo mucho tiempo dibujando, haciendo murales, pintando paredes, pero nunca había trabajado algo real con pincel, sobre un lienzo, con tiempo y capas. Aquí no hay muro que aguante el error: todo queda, todo pesa.He tenido la suerte de encontrar una buena profesora, alguien que sabe explicar sin imponer, que te enseña los métodos correctos sin quitarte las ganas. Y eso, cuando trabajas con materia viva, es fundamental.
El primer cuadro que pinté fue una ciudad: San Francisco, en tonos grises. Para ser el primero, escogí uno muy difícil. Eso me dijo ella. Pero no me gusta lo fácil; me interesan los retos, lo que obliga a quedarse. Tardé unos siete días en terminarlo, dedicándole todo el tiempo que pude, cada día.
Empecé marcando con carboncillo las líneas por donde iba a empezar a pintar. Luego, con aguarrás puro y la ayuda de un trapo, lo difuminé. Poco a poco aquello empezó a coger forma, como cuando limpias una superficie vieja y debajo aparece algo que ya estaba ahí.
Rellené todo el fondo de blanco. El truco está en no escatimar pintura, en permitirte jugar después con las mezclas y sacar los tonos. Es un trabajo de paciencia, de esperar, de no forzar. Se va difuminando despacio, hasta que los cambios de un tono a otro dejan de notarse.
Después cubrí de negro todas las zonas necesarias y, a partir del blanco y el negro, fui sacando los grises. Mezclé sin miedo, de un lado a otro de la paleta, dejando que la pintura hablara. Así, poco a poco, los rascacielos, las ventanas y el puente se fueron deformando, perdiendo rigidez. Al final, con chorretones generosos, le di relieve al dibujo, dejando que la materia se notara. El toque final fueron unos puntos rojos, mínimos, casi accidentales. Y ahí lo dejé. Para ser la primera vez que tocaba el óleo, me impresionó descubrir hasta dónde podía llegar.
El segundo cuadro fue aún más complejo. Ya no se trataba solo de blanco y negro, sino de toda una paleta de mezclas. Lo vi en una tienda de bricolaje, le hice una foto y me lancé. Mi profesora me dijo que, con paciencia, saldría bien.
La escena era de dos enamorados paseando bajo las farolas, junto a un río, en otoño. Hojas caídas en el suelo, el día a punto de apagarse. De nuevo empecé con carboncillo, definiendo las líneas por donde entraría el color. Comencé con los tonos más oscuros: azules, verdes, morados. De esas mezclas fueron apareciendo los demás colores.
Lo más difícil fue trabajar las sombras, los reflejos del agua sobre el suelo, la luz que cae cuando el día se retira. Ahí no hay atajos. Solo mirar, repetir, corregir y esperar.
Pintar al óleo me ha devuelto algo que ya conocía del trabajo con la madera y con la tierra: el respeto por la materia y por el tiempo. Nada se resuelve rápido. Nada se fuerza sin dejar marca. Y eso, lejos de frustrar, enseña a estar.



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